domingo, 14 de octubre de 2007

La piscina 1

Volviendo a mi querídisima urbanización(se sobreentiende el sarcasmo), hoy voy a hablar de la piscina. Sí, ese elemento tan habitual en verano donde nos refrescamos del calor. Pues bien, ese es uno de los grandes problemas de esta urbanización.
Empezando desde el principio, cuando empecé a ir a esta urbanización, no estaba cerrada y se metía toda la gente que quería ya fuese a la urbanización en general o a la piscina. Parecía nuestra urbanización la piscina pública de la pedanía.
Para solucionarlo, primero se impusieron los talonarios de visita: tenías que dar el nombre de propietario para acceder a la piscina y si traías a alguien de fuera de la urbanización le daban un papelito. Podías gastar hasta tres por día. No terminó de funcionar.
Después, fueron las tarjetas identificativas de ser propietario de la urbanización. Este método duró dos años seguidos, pese al poco ímpetú del vigilante de aquel año (un borracho que no sabía ni donde estaba)
Finalmente no quedó más remedio que cerrar la urbanización, y aparte, cerrar la piscina con otra puerta para evitar que entrase gente fuera del horario de la piscina. De momento vamos tirando con eso
Otro asunto de la piscina son los vigilantes que ponen para “controlar lo que sucede en la piscina y evitar accidentes”. Todos en la urbanización sabemos que las broncas los preparan los cuatro de siempre y encima los vigilantes no hacen nada más que sentarse en una silla a verlas venir o leer el periódico. Encima cada año eran peores, y el último año que los tuvimos, era una contrata que cada día nos mandaba a uno distinto. Al final, la gente de la urbanización ha optado por el riesgo y por la posibilidad de multa, al decidir por mayoría(que no por consenso) que no va a ver vigilantes en la piscina porque “sale muy caro”.
También ha habido broncas con otra parte de la urbanización que se negaba a pagar su parte de piscina, y ha estado tanto tiempo enfrentada, que cuando ha asumido su cuota, ya sólo se habla con ella para eso. Ha pasado a ser una urbanización casi independiente, con sus juntas y sus propias fiestas de agosto. En los corrillos populares de la urbanización se les llama “los divorciados”, debido a una anecdótica cita que no voy a comentar ahora para no enrollarme en exceso.

Y todavía pasan más burradas, que seguiré contando.

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