domingo, 14 de octubre de 2007

La piscina 2

Si alguna vez pasais por allí, ni se os ocurra meteros sin ducharos a la piscina, es un consejo vital. Durante los días que quien “limpia” la piscina no ha estado, aquello era de todo menos una piscina : Cucarachas muertas, hongos, algas, arena, baldosas sueltas y encima con la piscina medio llena con un agua que lleva ahí 5 años seguidos, con lo que es inevitable pensar que por mucho cloro que haya, ese agua tiene que ser tóxica.
Pues hay gente que entra sin ducharse, y luego, claro, vienen infecciones, otitis, y un largo etcétera de cosas.
Al menos el asunto de los borrachos se ha calmado, era irritante verte todas las botellas en medio del suelo, sin nadie que se moleste a limpiar eso hasta las 11 o 12 del mediodia. Claro, como la piscina ya no tiene horario, va uno a las tres de la mañana, se baña en esas aguas y ¡oh! salimos en las Noticias con un ahogado. No ha pasado, pero al tiempo, y encima sin socorrista ni nada porque no lo quieren pagar.
-------------------------petardazos en la urbanización de los delirios
Allá por el día 13 de agosto , en la que en Elche llaman la Nit de l’Alba (La Alborada), y mientras media ciudad y las pedanías se mataban a tirar los petarditos, en la urbanización se montaba una bronca de las que son tema de conversación semanal en el corrillo de las cotillas de la piscina.
En un principio íbamos a subir mi amigo y yo solos para ver los fuegos artificiales, algo que venimos haciendo desde hace varios años, pero luego se sumó la chiquillada de la urba, y algunos padres, que supuestamente, iban allí para controlarles
El asunto estalló, y nunca mejor dicho, cuando a un padre, uno de los que estaban allí, le dió por tirar petardos en la azotea de la torre de ocho pisos de la urbanización. El primer petardo bien, pero ya con el segundo, subió el presidente de la urbanización (aunque más bien es el tirano, ya que siempre se termina haciendo lo que a él le da la gana) y empezó a exigir que no se tirasen allí los petardos, cuando en Elche es lo normal, el tirar petardos en las azoteas.
Allí, y sumándole el poco y mal trato entre ambos, la bronca subió de tono como la espuma. Ante todos los niños de la urbanización y de los demás que allí estábamos hubo más que palabras. Finalmente, los petardos se tiraron en la calle, para después volver a subir a la azotea para terminar de ver los fuegos.
El presidente-tirano Fernando, no se marchó hasta que nos fuimos todos de la azotea. En ciertas ocasiones se piensa que esa azotea es una prolongación de su casa, y por una noche de petardos al año no se va a morir.

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